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Preparativos para un asado de bienvenida

En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos

y se estrechan las amistades.


Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Miguel de Cervantes Saavedra



Villa Urquiza, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mayo de 2028.


Manuel regresó a su país en otoño de 2028 tras varios años de trabajar en diversos lugares de Europa. Extrañaba demasiado la ciudad, los amigos, los que quedaban de su familia y decidió volver. Todo era muy bello y organizado en el primer mundo, pero él nunca dejó de ser un inmigrante, un casi nadie, como lo habían sido sus abuelos al llegar a la Argentina ochenta años atrás. Había ahorrado algunos euros y pensaba abrir un comercio en su barrio y vivir de ello. Rápidamente estableció contactos con las personas queridas. Se conmovió en distintos reencuentros muy esperados. Le dolieron ausencias que desconocía. Cada mañana recorría la ciudad en colectivo, para volver a verla de cerca. Disfrutaba esos paseos entre gente apresurada que iba y venía sin prestarle atención ni valorar aquello que él experimentaba con emoción. Era feliz pisando esas baldosas gastadas de las calles que recorrió desde que se largó a caminar y los padres lo llevaban a la Plaza Echeverría cuando volvían de sus trabajos. Una tarde de miércoles lograron fijar una fecha para que todos los integrantes del grupo de amigos pudieran reunirse. Se citaron en el Café de la U, frente a la estación Villa Urquiza, que les quedaba cerca a casi todos. Manuel soñaba que allí organizarían un buen asado para festejar su vuelta. ¡Cómo lo añoraba!, allá nunca había comido uno. Las pocas personas con las que se vinculó en Ámsterdam, Oslo, Copenhague, Malmo y Helsinki no tenían ni idea de la existencia de ese ritual.


Ese miércoles por la tarde fueron llegando al café uno por uno salvo Osvaldo y Ricky que, como siempre, lo hicieron juntos. Apretados abrazos, besos, alguna que otra lágrima fueron marcando el momento esperado por esos eternos muchachos que se conocían desde que tenían cinco o seis años. Se fueron ubicando en una de las mesas externas. El mozo, diligente, reunió un par de ellas de modo que se pudieran ubicar cómodos los nueve. Pidieron, para empezar, un par de cervezas con una picada y comenzó una ruidosa charla. Todos querían escuchar anécdotas y saber cosas de esos países raros donde había estado trabajando Manuel. Él por su parte se moría de ganas por empezar a organizar el asado del sábado en la quinta de Orlando o en la casa de Yiyi, como era tradición. Tuvo que contar varios incidentes vividos en esas distantes ciudades y contestar muchas preguntas, en especial referentes a la ciudad de Ámsterdam y su zona roja. Hasta que algo agotado, planteó directamente su deseo profundo, postergado por muchos años.

—Todo muy lindo che, les voy a seguir contando todo lo que quieran pero, ¿cuándo hacemos un asado?

Los amigos lo miraron sorprendidos. “Este viene de Marte, no de Europa”, pensaron algunos.

— ¿Qué asado, campeón? Estás en Argentina—, dijo sonriendo Orlando.

—Y justamente por eso—, señaló el repatriado.

—Pero ¿qué justamente? ¿Dónde vivías vos en Europa, adentro de un termo? ¿No te enteraste de la ley Carne Cero?— Preguntó incrédulo Orlando.

—No nos tomés de giles, Manu, salió en todos los medios—, dijo el Colorado.

Manuel estaba convencido de que sus amigos le estaban haciendo una broma pesada.

—No jodan, che, ¿cómo no se va a comer carne en Argentina? Díganme que no se puede tomar mate y listo, nos reímos un rato y organizamos el asado.

—Y dale con el asado—, intervino Mateo.

—Bueno, en verdad asado se puede hacer, pero no de carne—, explicó Héctor.

La cara de Manuel mutaba entre gestos de asombro y enojo por la broma que estaba sufriendo.

—Dejen de joder. ¿Asado de qué va a ser si no es de carne?

—Explicale vos, Joaquín, que sos abogado y sabés bien el asunto de las leyes esas—, sugirió el Colorado.

—¡Que hable el doctor! —, se escuchó.

Sonriendo, Joaquín arrancó mirándolo a los ojos a Manuel, de modo que se diera cuenta de que le hablaba en serio.

—Bueno, vos viste que la ONU y otras organizaciones internacionales investigaron la incidencia del consumo de carne en la catástrofe ambiental que estamos viviendo y el efecto negativo que tiene para la salud humana.

—La verdad es que algo escuché, pero casi nada. Allá yo no leía los diarios ni veía televisión, en realidad nuca supe una palabra de finlandés, ni de sueco ni de nada. Para los trabajos que yo hacía no hace falta entender nada. Vos limpiás y los tipos te pagan. Vas al negocio con guita y le señalás lo que querés y los tipos te lo venden. A veces dicen cosas que vos no entendés y si les notas la cara de que te están gastando, los mandás a la mierda y te vas. Ellos tampoco te entienden ni les interesa que les cuentes cómo jugó Platense—, explicó Manuel, algo más serio, debido a que la cara de Joaquín no denotaba estar contando chistes.

—Se nota. Te la hago corta. Tomando en cuenta múltiples investigaciones científicas que afirman que la ganadería es la responsable de los graves problemas ambientales. Mirá, para que tengas una idea, el sector es responsable del catorce y medio por ciento de los gases de efecto invernadero que se producen en el planeta. Y además del nueve por ciento del dióxido de carbono, del sesenta y cinco por ciento del óxido nitroso, del sesenta y cuatro por ciento del amoníaco que produce la lluvia ácida, del treinta y siete por ciento de todo el metano, el gas que genera el efecto invernadero. Bueno, justamente las vacas son los organismos que más metano emiten.

 

imagen líneas colores abstracto por María Susana López

María Susana López. Profesora de Ciencias Naturales y Enseñanza Primaria, artista plástica, ceramista, escritora amateur. lolalopez31@hotmail.com

 

Joaquín hablaba con verdadera convicción, Manuel entendió que había abandonado su antigua militancia política por esta causa medioambiental, al tiempo que pensaba: “¿Pero si las vacas son tan viejas como el hombre cómo es que no pasaba todo esto hace veinte años?” Pero no se animaba a abrir la boca para interrumpir el entusiasta discurso de su amigo.

—La ganadería acapara el veinte por ciento de la biomasa animal terrestre del mundo. Es responsable de la desforestación de miles de hectáreas de bosques, afecta los ecosistemas, utiliza combustibles fósiles y muchos daños más provocados por esa sobre explotación de los recursos naturales. ¡Para producir un kilo de carne de ternera se derrochan quince mil litros de agua, imaginate! Sin contar el sufrimiento animal. Por todo ello nuestro país fue pionero junto a los gobiernos más progresistas del mundo en legislar en la materia y así, desde el año pasado, rige la Ley 87.965/27, aprobada con el voto de las dos coaliciones mayoritarias, que prohíbe la actividad ganadera en todas sus formas en el territorio de la República Argentina.


Manuel sabía que todo era posible en su país, pero le costaba creer que hubieran llegado a tanto, siendo esa una de las históricas fuentes de recursos de la nación.

—Pero y la Sociedad Rural y la gente del campo, ¿nadie protestó?—, preguntó.

—Se consensuó todo un año antes. Los países del G-20 apoyaron en forma activa la decisión. Se pidió un préstamo para reconvertir la matriz productiva de 150 millones de dólares pagaderos en 50 años, que sumado a créditos a tasa cero de la FAO y aportes de diversas fundaciones, entre ellas la de Bill Gates, permitió generar el Fondo de Reparación para la Industria Ganadera y su correspondiente Instituto Nacional con mil empleados. Por su intermedio se indemnizó, a valor de mercado, a todos los ganaderos y se les otorgó incentivos impositivos por diez años para que reorienten su producción en actividades no contaminantes, por ejemplo, no sé, plantaciones que abastezcan a la industria del cannabis medicinal o, con el apoyo de Bayer, volcarse a la plantación de soja—, le explicó Ramiro. —Nadie perdió, win win, y todos contentos.

—Ah, y si querés comer carne, aun sabiendo que es malo para la salud y te provoca cáncer, podés comprar la carne sintética que fabrican las subsidiarias de las dos cadenas norteamericanas, Beyond e Impossible. Las carnicerías se fueron sumando a esas dos líneas de venta globales y comercializan ese producto que fabrican a partir de tejido muscular cultivado, proteínas y descargas eléctricas, un proceso complicado para mi saber. Además, tenés los productos vegetales que imitan a la carne, qué sé yo, una hamburguesa de zanahoria o una morcilla de berenjena, que ya había en el mercado hace rato y vos seguro conocés.


Se produjo un silencio. Manuel estaba desconsolado. Su anhelo histórico de volver a comer un asado con sus amigos se había esfumado en un par de horas. Empezaba a añorar los seis meses de oscuridad en Malmo. El Colorado vio su rostro demudado y le dijo sonriente mientras lo tomaba del hombro derecho.

—¡Pero no todo está perdido, Manu! Esto es Argentina y nosotros somos los Invencibles de la Plaza Echeverría.

—¿Y entonces?

—¡Y entonces, que vamos a hacer el asado de bienvenida como corresponde!—, exclamó el Colorado con su energía característica que lo distinguía desde pibe en todas sus acciones. Siempre era el primero en agarrarse a las piñas con los pibes del cuadro contrario por algún gol dudoso que era necesario dirimir.

Hubo aplausos, gritos y alguno que otro brindis con la cerveza que quedaba en los vasos y estaba un poco caliente. El único que permaneció distante del festejo fue Joaquín, al que se lo notaba disgustado.

—¿Te acordás del Ruso, el de la remisería?

—Sí. Cómo no me voy a acordar. Él me llevó a Ezeiza el día que me fui. No sé qué lío tenía con los papeles del auto y se metió por Lugano, casi pierdo el avión. Un loco lindo el Ruso.

—Bueno, con el tema del remise hizo un contacto en San Martín. Hay unos muchachos que operan en la Tranquila y te consiguen la carne que querés. Carne carne, te digo, no beefy. Se la encargamos y uno va con él a buscarla con la guita en efectivo. Los tipos te dicen dónde te la van a entregar, puede ser al costado del Cementerio, en una florería por Coronel Mom, o cerca de la cancha de Chaca, por Mitre en el taller de frenos o en la mueblería de abajo del puentecito del ferrocarril, te van cambiando el lugar. Está cara, pero es buena, vale la pena. Hay que hacer todo con mucho cuidado, si te agarran vas en cana. Es un delito federal. Así que ahora mismo lo llamamos al Ruso y le hacemos el pedido, sabiendo que es porque volviste vos se va a prender y Armando seguro también.

—Qué lindo, vamos a comer un rico asado y después nos quedaremos a charlar hasta cualquier hora frente a las brasas como antes—, dijo Manuel sonriendo mientras recordaba muchas noches compartidas frente al fuego.


Ninguno quiso arruinar ese momento emotivo, el sábado le explicarían que no se podía usar más carbón y mucho menos madera para ninguna actividad de combustión por su efecto contaminante. Todas las parrillas o elementos de cocción tenían que ser eléctricas. Se quedarían charlando hasta la madrugada, frente a las brasas de plástico iluminadas con luces LED bajo consumo.


 
Miguel Ángel Acquesta, nacido el 2 de junio de 1949 en Núñez. Licenciado en Psicología por la UBA. Publicó numerosos artículos científicos y ocho libros sobre la Psicología del Desarrollo. Varios de sus cuentos formaron parte de revistas literarias y antologías: Becario del Fondo Nacional de las Artes en Letras en 2018, produjo “Luces en la oscuridad. A 21 años de la masacre de Ramallo” -inédita. Publicó el libro de cuentos “Relatos Urbanos” Editorial Vanadis. Buenos Aires. 2021 e “Historias de asfalto”. Misma editorial 2022.
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