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Año 4, no. 5, septiembre 2025

fémina 3. gilberto Bustos

Brian Durán Fuentes

Doctora, recéteme asteroides

para remediar la hoja en blanco,

Doctora, recéteme asteroides,

el impacto de fuego que derrita...

María José Escobar

A veces, cuando recuerdo mi infancia, se me viene a la mente una muerte de la que, creo, fui cómplice. Antes, a doña Sofía le gustaba traernos recuerditos de los lugares que visitaba; dichos sitios rara vez diferían entre alguna playa de Acapulco y San Juan de los Lagos. Iba y venía en un día. Una vez me enseñó una foto de cuando, junto con sus amigas, metieron los pies al arroyo para sentir la gracia del Señor, así me lo dijo, aunque en el arroyo apenas podían moverse pues no querían tocarse los pies con otras cien gentes.

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fémina 2. gilberto Bustos

Xiomy Arizai Contreras Rodríguez

La literatura, por siglos, ha sido entendida como una expresión del yo, como una forma de contar desde la experiencia o de imaginar desde el deseo. Sin embargo, hay voces que no nacen solo del yo presente, sino de un linaje emocional profundo que atraviesa generaciones.

Diana Andrade

Aura María extendió hacia mí su mano pegajosa. Tenía las líneas del destino sucias de tierra, y en las diez yemas de los dedos se había pintado círculos de marcador negro que oscurecían sus huellas digitales. La tomé de las muñecas para examinar sus manos más de cerca. A través de su piel húmeda, pude sentir el palpitar de sus arterias.

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René Pinet

Tan acostumbrados como estamos al celular, a CNN, a los videojuegos, nos cuesta concebir que, en una de las regiones más apartadas de la Nueva España, en el s. xviii, José Hwanuk se considerara una persona relativamente afortunada y moderna.

Jorge Rolando Acevedo

I

Material inorgánico.

Fósil.

Piedra de forma geométrica,

desolada o colocada en gaviones.

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Sergio Rodríguez Cortes

Al terminar de subir todo a la mudanza, nos quedamos en silencio en su puerta diminuta. Me sentía orgulloso de haberla cruzado tantas veces. Natalia solo dejaba pasar a sus amigos y eran pocos. Es por eso que fue triste aquel abrazo de chamarras y guantes, incómodo por el algodón en las comisuras y la respiración helada.

Alejandro Espinosa

Papá volvió a casa arrastrando una nube. Fue a Altamar a comprar alimento para las aves. Mamá le había recomendado ir a Miraflores, un camino mucho más largo, pero más seguro: allá no llueve. Vimos primero la nube, de un gris profundo e intimidante, entre Juan y yo metimos a los cerdos y a las vacas, mi madre corrió a meter la ropa mientras los gemelos la observaban desde el pórtico.

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